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Entrevista a Ignacio Arellano
11MAYO
2017

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Entrevista a Ignacio Arellano

por Aeescam

Ignacio Arellano López acaba de ser elegido por unanimidad nuevo presidente de la Asociación de Empresarios de Estaciones de Servicio de la Comunidad de Madrid (AEESCAM). Licenciado en Derecho y vinculado al sector desde 1995, gestiona nueve gasolineras, dos de ellas en propiedad y siete de otros socios. Desde 2006 está en la Junta Directiva de AEESCAM, donde ha sido vicepresidente y ha dirigido las comisiones de Industria y Medio Ambiente. Fomentar la cercanía con el asociado y las instituciones públicas, firmar el nuevo convenio colectivo y, sobre todo, luchar contra la proliferación de gasolineras desatendidas, son sus prioridades.

¿Cuál es su principal meta como presidente de AEESCAM?

Tener más cercanía con el asociado. El sector ha sufrido tantos cambios que hay grupos y minoristas que se han desvinculado u optado por otras formas de negocio. Pretendo tener una relación más directa con ellos, mediante encuentros periódicos para tratar los temas importantes, y utilizando también los nuevos instrumentos tecnológicos como nuestra página web y nuestro boletín.
¿Qué gana el socio con esa mayor implicación?
Muchísimo. AEESCAM es una patronal que defiende sus intereses, le ofrece asesoramientopersonalizado e información valiosa sobre cualquier novedad, punto crítico o cambionormativo que se produzca en el sector y que pueda condicionar su labor como empresario.
¿Y cuál es, como empresario, su mayor preocupación?
La proliferación de las gasolineras desatendidas. Hay una legislación complicada y lesiva para nuestros intereses, que ha hecho mucho daño al minorista tradicional. El negocio se ha deteriorado y están en juego muchos puestos de trabajo. Por suerte, en este punto los sindicatos están con nosotros y vamos de la mano.
¿Por qué cree que es mejor una gasolinera tradicional que una desatendida?
Nuestro modelo es de servicio, pone en valor la atención al cliente, el trato cercano, unas medidas de seguridad, un suministro controlado y la posibilidad de que el consumidor ejerza sus derechos. Nosotros protegemos la seguridad del consumidor en un sector en el que vendemos un producto potencialmente contaminante y cuya manipulación entraña riesgos.
¿Por qué han surgido entonces las desatendidas?
Por la demanda de un porcentaje bajo de consumidores que sólo buscan precio. Ese porcentaje, que aumentó con la crisis, ahora en circunstancias normales se mantendrá reducido e incluso bajará, por lo que a muchas de esas instalaciones low-cost les auguro un mal futuro.
¿Ha contribuido la Administración a su proliferación?
Podemos entender que desde la Administración se hayan permitido por desconocimiento o por intentar promover la competencia. Pero si se le está demostrando que ese modelo vulnera una serie de normas porque es competencia desleal, supone un peligro y coloca al usuario en situaciones complicadas, debe modificar la normativa y promover soluciones.
La Asamblea de Madrid ya aprobó avanzar en ese sentido, pero eso no se ha concretado.
Cierto, no han desarrollado el reglamento y desde AEESCAM pedimos una solución. Tenemos previsto reunirnos con el viceconsejero de Economía de la Comunidad de Madrid y volveremos a plantearle que necesitamos soluciones.

Garantías
¿Por qué es urgente resolver esta problemática?
Lo que más miedo nos da, y es algo que hemos discutido en la Junta Directiva de AEESCAM, es que tengamos una desgracia, un accidente o un problema grave como un incendio, intencionado o no, en una estación desatendida por la falta de medidas de la Administración.
¿Son los clientes sensibles a sus demandas?
Por supuesto. Cuando un cliente entra en una instalación tradicional sabe que tiene a su disposición una variedad de servicios incomparable con el modelo low-cost, que ofrece ubicaciones malas, instalaciones abandonadas, sucias... y sin protección ante cualquier problema. Tampoco tiene ninguna garantía de que el surtidor le esté suministrando la medida legal.
¿Puede haber incluso colectivos discriminados?
Está el problema de los discapacitados, pues sus dificultades a la hora de repostar en una estación desatendida son infinitas. El consumidor tiene derecho también a servicios de repostaje, que no dejan de ser de primera necesidad, que sean accesibles.
¿Qué otras ventajas ofrece al cliente la gasolinera de toda la vida?
La posibilidad de comprar otros productos, alimentos, bebidas, prensa, tomar un café e incluso descansar o tener una reunión. Son establecimientos abiertos las 24 horas, donde alguien les puede ayudar en caso de necesidad, donde pueden hacer una llamada de emergencia y donde para asiduamente la policía o la Guardia Civil. Hay que poner en valor todo eso.
¿Es el combustible de una estación tradicional distinto del de una desatendida?
Por supuesto, y es algo que al cliente le cuesta percibir. Una instalación low-cost es muchas veces sinónimo de productos low-cost. Lo que venden las desatendidas no es como nuestro producto, que tiene unos aditivos y añadidos que le dan valor e incrementan sus prestaciones.
Lo que más suele preocupar al consumidor es el precio del litro de gasolina...
Tenemos que esforzarnos por transmitirle que, en el precio de la gasolina, en torno al 60% son impuestos. Es un sector muy regulado y nosotros somos los principales interesados en que la gasolina esté barata, porque cuanto más bajo sea el precio más venderemos y más ganaremos.
También existe la creencia de que el carburante sube antes de los puentes o vacaciones.
Creo que eso ya ha desaparecido. Hay tanta competencia en el sector que el empresario es muy cuidadoso, porque siente que el consumidor es tan sensible al precio que está dispuesto a desplazarse para repostar. Tenemos tanto cuidado de no subir los precios antes de un puente o salida vacacional que hoy casi le diría que ocurre lo contrario.

Futuro del sector
¿Y cómo explica que la gasolina no baje cuando baja el petróleo?
Estamos hablando de productos que, aunque sean derivados del petróleo, hay todo un camino hasta llegar al carburante. No se puede hacer la lectura errónea de que si el crudo baja un 30%, el carburante debe bajar otro 30%. Primero, porque el 60% son impuestos, pero además intervienen otros costes como la intermediación, el refino y el transporte.
Usted ha dicho que otro de sus objetivos es firmar el nuevo convenio colectivo...
Sí, está prorrogado desde 2016 y vamos con retraso. No me he ocupado en persona de la negociación pero he leído la propuesta sindical y nuestra contraoferta, y creo que llegaremos a un acuerdo. Quedan puntos por resolver, como la situación atípica generada por las diferencias del IPC cuando empezamos a hablar y sus niveles actuales, pero hay predisposición de las partes a entendernos.
También dice que quiere acercarse más a la Administración.
Quiero promover una relación constante con la Dirección General de Industria, Consumo y las consejerías de Economía y Medio Ambiente. La cercanía y la comunicación generan confianza con las personas y hacen que, cuando surge un problema, la reacción sea inmediata.
¿Piensa plantearles alguna demanda?
Nos han hecho mucho daño las restricciones impuestas a los contratos con las operadoras, porque generan inestabilidad al limitar nuestra capacidad de previsión y planificación. Si tenemos que hacer inversiones, por ejemplo, eso no ayuda. Ha sido una gran equivocación por parte de la Administración, que no promueve la competencia sino la inestabilidad.
¿Qué futuro le augura a su sector?
Soy optimista porque creo que el carburante tradicional va a seguir predominando, al menos a medio plazo (10-15 años). Hay que estar atento a la evolución tecnológica y a las nuevas fuentes de energía y habrá que ver cómo evolucionan los coches eléctricos... pero ahora mismo es un sector sólido y con futuro. Nosotros, a fin de cuentas, tenemos puntos estratégicos de repostaje para vehículos. Como cualquier sector, tendremos que adaptarnos a lo que la tecnología provea y nos pueda ofrecer para los vehículos

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