Que la industria del combustible es un sector esencial y estratégico a nivel nacional, es una idea de la que ya hemos hablado en este boletín, sobre todo desde un ángulo de seguridad de suministro energético y contribución al crecimiento de la economía y al Estado del bienestar. Pero en situaciones de crisis e incertidumbre como la actual, es cuando más evidente resulta.

España es el país mejor preparado de toda la Unión Europea para afrontar la crisis derivada de la guerra de Irán. Es un mensaje compartido por la industria y por el Gobierno, por la esfera pública y la privada, y que se traduce en una idea muy sencilla: a día de hoy, el suministro en España está garantizado.

Pero debemos ser conscientes de que esta seguridad y confianza que hoy somos capaces de trasladar al conjunto de la sociedad y a los consumidores, son diferenciales y no vienen caídas del cielo, sino que son el resultado de muchos años de esfuerzo inversor y de evolución tecnológica de todo un sector.

Porque mientras en otros países se frenaban las inversiones en su sistema de refino, o directamente se cerraban las refinerías, nuestra industria del combustible decidió apostar por España. Por el presente y por el futuro de nuestro país.

Como resultado, hoy contamos con el sistema de refino más flexible y competitivo de toda Europa, con 8 refinerías dedicadas a la producción de combustible capaces de adaptarse muy rápidamente al mercado y a las necesidades de la demanda. Y esto, es seguridad de suministro. En mayúsculas. Una seguridad de suministro que afecta al 54% de la energía que consumimos en España, según los últimos datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Ahí es nada.

Pero si algo debemos aprender de las crisis, es que debemos trabajar para reducir nuestra exposición en la siguiente, avanzando en autonomía estratégica.

En materia de combustibles, España ha sido durante más de una década exportadora neta de producto refinado, con una exposición a importaciones muy inferior al resto de países europeos. Porque somos capaces de abastecer nuestro mercado nacional con la producción de nuestras refinerías al 100% en el caso de las gasolinas y por encima del 80% en gasóleo o queroseno. Y esto, es autonomía estratégica.

Pero también lo es que la materia prima con la que fabricamos nuestros productos tenga un origen cada vez más local. Y aquí es donde los combustibles renovables nos pueden ayudar, para, a la vez que reducimos las emisiones del 54% de la energía que consumimos, lo hagamos con cada vez mayor autonomía como país. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía y el Foro Económico Mundial, en 2024 se redujeron un 15% las importaciones de productos petrolíferos a nivel global. Y en España, este porcentaje, no deja de aumentar.

El contexto nos invita a pensar en la importancia de contar con todas las energías que nos mueven para poder hacerlo con seguridad, y a seguir apostando por todas aquellas tecnologías probadas que aumentan nuestra autonomía y dan respuesta a las distintas necesidades del consumidor.

Desde la industria del combustible, seguiremos apostando por España. Y por un presente y un futuro cada vez más descarbonizado, más seguro y más competitivo para nuestro país.

Elena Mateos, directora general de la Asociación de la Industria del Combustible de España (AICE)