La relación entre Repsol y Venezuela atraviesa en 2026 uno de sus momentos más delicados y determinantes. A la tradicional complejidad de operar en un país de alto valor energético se ha sumado una nueva sacudida política, marcada por la crisis institucional y por el anuncio desde Washington sobre la detención de Nicolás Maduro, un hecho que ha reactivado las tensiones diplomáticas, ha elevado la incertidumbre internacional y ha vuelto a colocar a la industria energética venezolana en el centro de la agenda geopolítica.

En este escenario, Venezuela continúa siendo para la petrolera española un activo estratégico de primer orden, pero también uno de los focos de mayor exposición al riesgo dentro de su cartera global. Durante el primer semestre de 2025, Repsol mantuvo su actividad operativa en el país, apoyada sobre todo en el negocio del gas natural, que representa más del 80% de su actividad local y que, por ahora, se mantiene al margen de las restricciones más severas impuestas al crudo.

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