En un contexto en el que el diésel parece condenado al ostracismo por razones más ideológicas que técnicas, Audi responde con ingeniería. Y lo hace elevando el listón de su conocido V6 TDI hasta los 220 kW (299 CV) de potencia y 580 Nm de par máximo, cifras que ya de por sí hablan de un motor diseñado para devorar kilómetros sin esfuerzo. Pero el verdadero salto cualitativo no está solo en los números, sino en la tecnología que los hace posibles.

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