Una vez más nos encontramos ante una crisis energética, en este caso, de alcance mundial. Y digo una vez más porque, desgraciadamente, cada vez pasa con mayor frecuencia y, como consecuencia de este mundo tan globalizado, afecta con mayor contundencia a todos los países, independientemente de su localización geográfica.

En el caso español, no somos muy dependientes de la energía que se produce en los países directamente afectados por esta nueva guerra que, de un día para otro, nos hemos encontrado; pero como el mercado es global, los precios internacionales han subido para todos y, por lo tanto, también para las empresas y los ciudadanos españoles.

Aprovecho para indicar, también una vez más, que las estaciones de servicio hacemos nuestras compras con precios referenciados a ese precio internacional diario, que ya reflejó el lunes siguiente al primer bombardeo de Irán subidas importantes, que vimos repercutidas en las compras de ese día.
En este mercado se trabaja con precios del día de compra o del día anterior a la compra, prácticamente en la totalidad de los contratos, independientemente de cuándo se haya comprado o almacenado ese producto por el operador mayorista. Éste también sufre esa incertidumbre ya que, esperemos que sea así, lo que está comprando ahora a un precio muy caro, lo tendrá que vender después más barato.

Lo que sin duda está muy clara es la absoluta dependencia que Europa tiene del petróleo exterior. Importemos de la parte del mundo que lo hagamos, al final, las subidas de precios nos afectan igual y lo malo es que no ponemos remedio real a esta situación.

Llevamos ya años tratando de que, dentro de los planes de descarbonización que Europa lleva a cabo, se tengan en cuenta, como factor fundamental, los combustibles renovables. Esto no quiere decir que no se electrifique lo que se pueda electrificar o que en un futuro todo esté electrificado; pero, hoy por hoy, los combustibles renovables son una solución relativamente sencilla para conseguir rebajar emisiones y, sobre todo, ser mucho más autosuficientes de lo que somos ahora.

Los motivos por lo que afirmo esto son, fundamentalmente, los siguientes:

Los combustibles renovables se elaboran con residuos y España está entre los países europeos con mayor disponibilidad de ellos. Existe materia prima nacional disponible para poder llegar hasta el 58 % de la demanda de combustibles fósiles en el año 2030. Además, se pueden utilizar cultivos cumpliendo las estrictas normas europeas y aprovechar el gran potencial de nuestro país para producir energía renovable.
• Es la manera más rápida de reducir emisiones: cada 1 % adicional de combustibles renovables equivaldría a introducir en el mercado 425.000 coches eléctricos, unos pocos menos de la totalidad de los matriculados a día de hoy.
• Favorece una transición justa para todos los usuarios: no es necesario cambiar de coche y tanto la logística de transporte como la de puntos de venta no se ve alterada.
Fomenta el desarrollo rural y la economía circular en España: es una manera coherente de combatir la despoblación en determinadas zonas geográficas potenciando el crecimiento económico y la creación de empleo.
España tiene una gran capacidad técnica para la producción de estos combustibles al disponer de refinerías punteras en Europa con un 10 % de la capacidad comunitaria, lo que nos ofrece una gran ventaja competitiva.
• Finalmente, y de principal importancia, garantiza la seguridad energética y nos dotaría de mayor autosuficiencia frente al petróleo, que supone alrededor del 13 % del total de las importaciones y más del 4 % del PIB.

No sabemos lo que puede durar la situación actual, dependerá sin duda del rumbo que tome el conflicto bélico; pero no parece que se vaya a resolver a corto plazo y mucho menos se puede saber qué cicatrices dejará en un mercado tan expuesto a la geopolítica como el del petróleo.

No podemos seguir esperando a ver cómo resolvemos esta crisis y no tener un plan para las próximas, que sin duda sucederán. Tenemos que utilizar los medios que tenemos y si además esto nos permite realizar una transición energética justa, equilibrada y realista, ya estamos perdiendo demasiado tiempo.