Llevaban años sufriendo un goteo de pérdidas en su facturación, pero la Covid ha terminado de abrir de golpe el grifo de sus preocupaciones. Y si ya tenían que reconvertirse ante coches más eficientes, electrificación, liberalización del mercado, estaciones low-cost y la cruzada contra los motores térmicos, imagina ahora: esta es la revolución de las gasolineras, sus retos y sus nuevos desafíos en cifras.

Los efectos colaterales de la crisis del Covid-19 han atacado de lleno a su línea de flotación: implantación acelerada del teletrabajo, ERTEs, despidos, cierres de empresas, inestabilidad económica, confinamientos, toques de queda y demás restricciones y menor movilidad y coches que van acumulando menos litros de combustible repostados por cliente.

Y lo curioso es que, pese a que el Gobierno ha incluido meses atrás su actividad entre los "servicios esenciales" que estuvieron exentos de cerrar durante el confinamiento duro del primer estado de alarma (declarado en marzo de 2020), sin estar recibiendo ayudas proporcionales.

Ahor se mira con optimismo la reciente Ley de Cambio Climático y Transición Energética (LCCTE) aprobada en abril, para que España alcance la neutralidad climática en 2050. Asumen que "el futuro del transporte será multienergético", pero "la electromovilidad no puede ser el único camino contra el cambio climático", especialmente en las zonas rurales y en el transporte profesional.

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