El giro de Repsol hacia la generación de electricidad mediante energías renovables para alcanzar su objetivo de cero emisiones en 2050, que se agudizará aún más en los próximos años, ha dejado a España en mínimos históricos de extracción de petróleo. En octubre, de acuerdo con los datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores), la producción de crudo en el país se situó en 719 toneladas, cifra desconocida hasta ahora. A ello ha contribuido también el menor consumo de oro negro por la caída de la demanda ante las restricciones a la movilidad decretadas durante este año para hacer frente a la expansión de la pandemia.

En octubre, último mes con datos, el consumo de petróleo ya se ha situado en las cifras del año pasado, con 4,28 millones de toneladas -en los meses del estado de alarma cayó a la mitad-. Esto significa que España ha producido el 0,01% del crudo que ha consumido, teniendo que comprar en el exterior el resto. La dependencia de este tipo de energía, clave todavía a la espera de la futura electrificación del parque de automóviles, es máxima en estos momentos.

La extracción de crudo en España se limita prácticamente a una serie de yacimientos situados en torno a la plataforma de Casablanca, en el Mediterráneo, junto a la costa de Tarragona. Se trata de los pozos de Boquerón, Casablanca, Montanazo-Lubina y Rodaballo. Hay activo un quinto, Viura, en La Rioja, pero se extrae básicamente gas natural. Todos están operados por Repsol, que comparte la propiedad con Cepsa y Petroleum. El de Montanazo-Lubina es propiedad al 100% de la petrolera que preside Antoni Brufau.

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