El inicio de la guerra de Irán a principios de marzo marcó el comienzo de una imparable espiral inflacionista para los combustibles que han terminado pagando los conductores en las gasolineras, que han visto cómo el litro de gasolina y el gasóleo superaban los 2 euros por litro.

La bonificación fiscal aplicada por el Gobierno lograba suavizar esta subida con un descuento real de entre 15 y 20 céntimos por litro. A partir de entonces, la curva de precios de la gasolina y el diésel ha calcado la situación del conflicto; cuando las hostilidades se recrudecen, es cuestión de horas para que los combustibles repunten y al revés.

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