Los días de vino y rosas en el sector de la automoción están a punto de llegar a su fin. Y es que la industria está inmersa en una profunda transformación con el objetivo de ser más sostenible en materia medioambiental. Por ello, en los últimos tiempos solo oímos hablar de gigafactorías e investigación e implementación de formas de movilidad alternativas, como el hidrógeno o los sintéticos.

Nueva hoja de ruta. El Acuerdo de París de 2015 fue el gran impulsor de una nueva hoja de ruta de todos los sectores para reducir la huella de emisiones de gases de efecto invernadero. En los últimos años los distintos grupos automovilísticos se han visto obligados por normativas de la Comisión Europea a reducir sus emisiones de dióxido de carbono (CO2). Pero no solo se han visto obligadas a desarrollar este tipo de vehículos de energías alternativas. También se han visto obligadas a vender estos modelos. Si se tiene en cuenta que los vehículos propulsados por energías alternativas son más caros de desarrollar, también lo serán a la hora de llegar al consumidor. Esto ha provocado que en 2020 los distintos consorcios hayan llevado a cabo matriculaciones tácticas (aquellos vehículos que se matriculan y luego se venden como modelos de kilómetro cero) con el objetivo de no verse sometidas a multas multimillonarias por parte de la Comisión Europea.

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