Es decir, aún faltan unos 4,6 millones para llegar a la meta.

La diferencia llega cuando el conductor ya nota la transición. Las zonas de bajas emisiones (ZBE), las etiquetas ambientales, los accesos controlados y la recarga pública han convertido la descarbonización en una cuestión diaria. Afecta a qué coche puede entrar en una ciudad, dónde aparca y cuánto cuesta moverse.

La revisión llega además en pleno salto tecnológico de la movilidad. España no solo quiere reducir emisiones, sino que también está conectando la carretera con la baliza V16, obligatoria desde 2026, y la plataforma DGT 3.0. Mientras tanto, la industria acelera sistemas de conducción autónoma y robotaxis basados en inteligencia artificial. La movilidad se digitaliza más rápido de lo que se electrifica.

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