La Unión Europea mantiene desde 2021 el compromiso de dejar de vender vehículos con motor de combustión interna para 2035. El plan se apoyaba en el rápido desarrollo que estaban experimentando los coches eléctricos, los e-fuels y la pila de combustible, que debían estar ocupando un 50% de la planta automotriz europea para el fin de esta década, pero muchas empresas se están retractando.

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