O al menos ese era el escenario que se había definido. Un escenario en el que ya no se ponía en duda la prohibición de la combustión interna, ni tampoco cómo, ni cuándo se abordaría. Pero en cuestión de meses todo ha cambiado. El objetivo ahora pasa por una «reducción de emisiones» del 90%, que desde estas líneas ya hemos contado como, en la práctica, puede ser igualmente una prohibición tácita y casi total. Las voces disidentes en la Unión Europea, que proponen flexibilizar aún más esos objetivos, o incluso retrasar o eliminar la prohibición de 2035, están creciendo.

Y los próximos meses podrían ser críticas para definir una nueva hoja de ruta, en la que van ganando peso las posiciones que se oponen al plan de prohibición de la combustión interna, y que sin duda podría marcar el futuro de la economía de la Unión Europea.

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