Las compañías eléctricas lo tienen claro: la movilidad sostenible pasa por el uso del vehículo eléctrico. Y para que los ciudadanos se animen a cambiar de coche y adquirir uno no contaminante la clave está en que España teja una red, tanto en espacios públicos como privados, en la que sea fácil y rápido cargar la batería del coche eléctrico en los viajes. Lo normal es que los conductores hagan las cargas en casa, pero una vez en ruta también toca recargar.

Ante esta realidad, las compañías eléctricas tradicionales han abierto una guerra comercial para implantar puntos de recarga a lo largo y ancho de España. A mediados del año pasado, algunas como Iberdrola y Endesa anunciaron sus objetivos en este campo. Ahora se ha abierto una guerra comercial por sellar alianzas con cadenas de gasolineras, empresas de distribución, restaurantes, hospitales... para colocar en sus instalaciones puntos de recarga. Cada poste de 50 kWh cuesta de media más de 50.000 euros.
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