El transporte es uno de los mayores contribuyentes a la emisión de gases invernadero y CO2 en la atmósfera. De hecho, en Europa el transporte doméstico supone el 22.2% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero (GEI), lo que en España asciende hasta el 27.9% de la cuota (EEA, 2021), siendo el principal emisor por delante de la industria (24.02%).

En el marco Europeo, la directiva de energías renovables(Directiva (UE) 2018/2001 del Parlamento Europeo y del Consejo de 11 de diciembre de 2018 relativa al fomento del uso de energía procedente de fuentes renovables., 2018) establece objetivos de reducción de emisiones compatibles con los objetivos de implantación de combustibles renovables en el sector transporte. Así, en el artículo 29, sobre los “criterios de sostenibilidad y de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero para los biocarburantes, biolíquidos y combustibles de biomasa”, se establece en su punto 10: “La reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero derivada del uso de biocarburantes, biolíquidos y combustibles de biomasa que se tenga en cuenta para los fines mencionados en el apartado 1 será: […] c) del 65 % como mínimo en el caso de los biocarburantes, biogás consumido en el sector del transporte y biolíquidos producidos en instalaciones que hayan entrado en funcionamiento a partir del 1 de enero de 2021”

Es por ello que, en el corto y medio plazo, se espera un impacto notable de las expectativas de reducción de CO2 en el mercado de combustibles alternativos, ayudado sin duda por la coyuntura actual de los planes de recuperación del gobierno (PERTE), la situación post-pandémica y la dependencia indeseada del gas y petróleo rusos en Europa. El punto 1 del artículo 29 de la directiva establece que sólo aquellos combustibles que cumplen los criterios de sostenibilidad y de reducción de gases de efecto invernadero son elegibles para el cálculo de cuotas de energía renovable o para la recepción de ayuda financiera. En este ámbito, el biodiesel de primera generación, producido mediante la transesterificación de aceites vegetales procedentes de cultivos ha sido desincentivado gradualmente por el notable peor desempeño ambiental.

El principal objetivo del proyecto LIFE Superbiodiesel es implementar un nuevo proceso avanzado, sostenible y ecológico para conseguir un biodiésel ecoeficiente que cumpla con las directivas y regulaciones vigentes a partir de materia prima derivada de residuos animales, aplicando de esta forma también los principios de economía circular.

Tratándose de un proyecto Life, es de vital importancia que el mismo contribuya hacia la transición hacia una economía de bajas emisiones a partir de fuentes renovables con bajas huella de carbono, como las previstas en esta iniciativa. La materia prima es tipo SANDACH (sub-productos animales no destinados al consumo humano) procedentes de la industria del curtido. Estos residuos se convierten así en materias primas de alto valor añadido que permitirían la diversificación de materias primas en el mercado de combustibles. Además, la tecnología supercrítica propuesta aumenta notablemente el rendimiento de producción de ésteres metílicos de los ácidos grasos de la grasa, el componente principal del biodiesel, lo que elimina fases de purificación, limita el uso de recursos utilizados en el proceso y reduce considerablemente la huella de carbono derivada de la producción y uso del biocombustible.

Este artículo describe la tecnología propuesta, el estado actual del proyecto y presenta el análisis preliminar de la huella de carbono del biodiesel producido que es un 80% menor que la huella de carbono de diésel convencional, y que muestra una potencial reducción de más del 50% de emisiones de CO2 respecto de biodiésel de primera generación.
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