Cualquier conductor sabe que cuando el barril de petróleo sube, los precios de las gasolinas saltan como un resorte. Sin embargo, cuando toca bajar al Brent, como ha sucedido en los últimos meses, las gasolinas se vuelven remolonas en seguir su estela. El Gobierno y la CNMC, que ha heredado las competencias de la anterior Comisión Nacional de la Energía, han elevado el tono contra las operadoras por este desfase entre subidas y bajadas. A pesar de las quejas de unos y otros, la realidad es que el coste de petróleo supone alrededor de la mitad de lo que pagamos al gasolinero. La otra mitad se lo queda Hacienda. Según datos de la CNMC de noviembre de 2014 (ha variado por el fuerte descenso del barril desde entonces), por cada litro de gasolina de 95 octanos, el Estado recaudó el 52,5% del precio final de cada litro (0,696 euros sobre un total de 1,327 euros), porcentaje que se reduce al 46,8% en el caso del diésel, fiscalmente mucho mejor tratado en España (0,59 euros sobre un total de 1,261 euros).

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