El sector del automóvil puede convertirse en el talón de Aquiles de la transición ecológica española. Mientras las renovables continúan aumentando su peso en el mercado energético, la industria del coche, envuelta en un clima de incertidumbres continúas, no termina de electrificarse y dejar atrás los combustibles fósiles. Sin embargo, lo que ocurre en el entorno europeo, con países como Reino Unido que adelantan la descarbonización de sus nuevas matriculaciones a 2030, podría tener unas consecuencias demasiado negativas como para no actuar. Sobre todo si se tiene en cuenta que las fábricas de vehículos asentadas en España producen hacia afuera, en tanto que el 81% de la producción está destinada a la exportación, principalmente a países europeos que ya empiezan a restringir la venta de turismos diésel y gasolina.

Esta industria tiene en España once fábricas de turismos de diferentes marcas –además de otras plantas orientas a la producción de camiones y vehículos pesados como la de IVECO en Madrid– que dan empleo directo a cerca de 40.000 personas, según los datos del Ministerio de Industria (Mincotur) y en torno a 66.000 según la patronal. Además, la Asociación Nacional de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac), estima que el peso del sector (cerca del 10% del PIB) daba trabajo directo e indirecto a 1,9 millones de personas antes de la crisis del coronavirus.

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