Hay cierta incertidumbre que rodea el futuro del automóvil, y en ese contexto los combustibles tradicionales siguen buscando su sitio ante el crecimiento y desarrollo de la electrificación. Las normativas europeas tienen un peso clave en este sentido, ya que impulsan algunas tecnologías, priorizan unos combustibles sobre otros y, en definitiva, deciden hacia dónde se dirige realmente el mercado.

Un caso llamativo es el del E20, un combustible que se compone de un 20% de bioetanol y un 80% de gasolina convencional. Se considera un carburante más ecológico, pero hasta ahora solo se permitía un contenido máximo de etanol del 10%. Es decir, solo era legal el combustible E10.

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