El panorama en el mercado de la energía ha cambiado radicalmente en solo 18 meses y el barril de petróleo a 100 dólares se ve ahora como un sueño. La debilidad del crecimiento global, la moderación de la actividad en China y la batalla de los productores de crudo explican la tensión que vive el mercado.

A medio y largo plazo, la bajada del consumo por la mayor eficiencia de los motores y la aún lenta pero constante penetración de los coches eléctricos, tomarán el relevo de estos factores y han trastocando las previsiones de inversión de las petroleras, que predicen que la venta mundial de carburantes tocará techo en 2035.

El futuro del transporte es eléctrico. O, al menos, la tendencia es que se refuercen los incentivos que aceleren la transición para reducir la dependencia en los combustibles fósiles. Tesla presenta a final de marzo su primer utilitario a baterías para el mercado de masas, a un precio que empieza a ser asequible. General Motors vuelve a intentarlo con la venta este año del pequeño Chevy Bolt mientras que Porsche desarrolla deportivos sin motor de combustión interna.

El pasado Salón de Detroit fue el escenario que utilizó Audi para la puesta de largo del H-Tron Quattro, pensado para un futuro en el que el hidrógeno sustituye a la gasolina. Es la apuesta de Lexus con el LF-FC, aunque para que estos dos modelos se hagan realidad necesitan que se implante la infraestructura que permita desarrollar su tecnología. La alternativa más viable de momento son los híbridos enchufables, como el Pacifica de Chrysler, el Ford Fusion Energi o el BMW 330e.