El plan aprobado en 2023 aspiraba a neutralidad climática en 2050, pero hoy múltiples factores reclaman una revisión. El debate ya no es si dejaremos atrás la combustión, sino cuándo y con qué matices. El motor diésel, el gasolina e incluso los híbridos podrían sobrevivir la próxima década, gracias a una combinación de pragmatismo industrial, debilidad de la demanda eléctrica y presión política desde varios Estados miembros.

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