La industria alemana del automóvil vuelve a tambalearse, en este caso por culpa de Daimler, propietario de Mercedes-Benz. Y de nuevo, como le ocurriera a Volkswagen con su particular «dieselgate» hace tres años, por un fraude en las emisiones contaminantes de sus vehículos diésel, lo que va a obligar a 774.000 automóviles en toda Europa a pasar por talleres «de manera inmediata» para eliminar de sus propulsores los presuntos mecanismos ilegales que sirven para manipular las emisiones contaminantes. Así lo ha anunciado el ministro de Transportes alemán, Andreas Scheuer, nada más terminar de comunicárselo en una reunión en Berlín al patrón del fabricante bávaro, Dieter Zetsche, quien le ha garantizado máxima cooperación de forma transparente con las autoridades.

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