El desplome del precio del petróleo ha supuesto un respiro para los conductores españoles, que han visto cómo en lo que va de año el coste de un litro de diésel ?el carburante más usado por el parque móvil nacional? se ha abaratado en 2,1 céntimos, hasta situarse en 1,08 euros.

Sin embargo, esta reducción es inferior a los 3,3 céntimos de rebaja registrados en el conjunto de la Unión Europea en el mismo periodo, o a los 3,9 céntimos de media en la zona euro. En países del entorno como Francia, Alemania, Portugal e Italia el abaratamiento también es mayor, según la última estadística publicada por la Unión Europea.

Estas diferencias han reducido la brecha de precios entre el litro de carburante en España con respecto al que se paga en Europa, aunque a nivel nacional sigue siendo más barato por la menor carga fiscal sobre este producto. En enero el diésel costaba 9 céntimos menos que en la zona euro, y nueve meses después la rebaja es de 7 céntimos.

El comportamiento dispar entre los carburantes en España y Europa se concentra en la parte del precio sin impuestos, equivalente al 48% del coste final del litro. Aquí se incluyen la cotización de la materia prima, los costes de logística, y los márgenes comerciales del mayorista y del minorista. En la parte del precio referida a los tributos se produce una rebaja de 0,5 céntimos por litro por la reducción en algunas autonomías del impuesto regional sobre los carburantes.

A partir de aquí es difícil saber en qué parte de la cadena se ha distorsionado la caída con respecto a Europa. Fuentes del sector vinculan la menor reducción de precios en España a nuevas cargas en el sector como el Fondo Nacional de Eficiencia Energética, que grava a las compañías del sector energético para financiar políticas de ahorro en el consumo. Entre Repsol, Cepsa, BP y Galp deberán abonar este año 112 millones de euros por este concepto. Las compañías ya tuvieron que pagarlo en 2014, si bien las mismas fuentes insisten en que no se ha trasladado hasta el pasado mes de enero.