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05 de Enero de 2016 | Categoría:
Justo en el momento en el que parecía que Irán iba a empezar a quedar libre de las sanciones internacionales impuestas por su programa nuclear, la crisis entre ese país y Arabia Saudí ha vuelto a arrojar una oleada de incertidumbre sobre las perspectivas económicas del país que, según la OPEP, es el cuarto del mundo con mayores reservas de petróleo.
Esta vez los problemas afectan también de lleno a la nación con las segundas mayores reservas, Arabia Saudí, cuyo petróleo, encima, está en su Provincia Oriental (as-Sarquiyah), en la que la mayoría de sus tres millones de habitantes son chiíes, es decir, siguen la misma versión del islam que es oficial en Irán, y que se contrapone al sunismo wahabí que gobierna Arabia Saudí.
Pero, por ahora, el mayor problema es para Irán, porque la tensión puede interferir con sus planes de que las sanciones internacionales por su programa nuclear fueran lentamente levantadas y pudiera recibir un chorro de inversiones extranjeras en 2016 para reconstruir su economía. El 15 de diciembre, el director de la Organización Internacional de la Energía Atómica, Yikiya Amano, dio luz verde al informe que ratificaba que Irán no tiene en la actualidad un programa nuclear con fines militares. Aunque el informe no es definitivo, supone el primer paso para declarar que Teherán «ha cumplido con su parte del acuerdo nuclear», según José María Viñals, del bufete Lupicinio, que ha asesorado a la República Islámica ante la UE.
El plan de Teherán era bombear más petróleo a medida que el final de las sanciones se fueran levantando. En la actualidad, Teherán exporta entre 1 y 1,5 millones de barriles diarios. A medida que las sanciones empiecen a ser levantadas, esa cantidad aumentará en medio millón de barriles en los primeros tres meses, y en otro medio millón para mediados de año. Al menos, eso es lo que afirma el ministro del Petróleo iraní.
Así que el complejo puzzle entre Irán y Arabia Saudí se ha complicado aún más. Y, con él, las repercusiones para el resto del mundo. Hay que tener en cuenta que, según Jeff Katz, codirector de trading de petróleo de JP Morgan –el mayor banco de EEUU por activos–, «el mayor enemigo geopolítico de Arabia Saudí es Irán», y el enfrentamiento entre ambos países es una de las razones que explican que los saudíes hayan abierto el grifo del petróleo hasta colocar el precio del barril en su nivel más bajo desde 2004. Es una guerra de precios destinada a arruinar a la República Islámica, que no puede exportar más crudo por las sanciones. Teherán espera que el levantamiento de éstas le permitan doblar su exportación. Pero, primero, deberá tranquilizar a los inversores extranjeros. Y las tensiones con Arabia Saudí no son el mejor modo de lograrlo.