El autoservicio en gasolineras está empezando a resultar un grave problema para las estaciones de combustibles. La crisis está disparando el número de clientes que se está marchando sin pagar la gasolina que ha repostado en el coche lo que está provocando una gran alarma en el sector. Sólo en Madrid, se estima que anualmente supone del orden de un millón de euros, y de esa cifra apenas se recupera un 20%. Pero no solamente en Madrid, la mayoría de las grandes ciudades está sufriendo este mismo problema.

Como solución de urgencia, muchas estaciones de servicio están adoptando como medida preventiva la fórmula de prepago, y obligar así a los consumidores a que paguen por adelantado el combustible que van a repostar. Hasta ahora, esta medida se aplicaba únicamente en las horas nocturnas, pero ahora se está implantando en muchas gasolineras. Además, la mayoría está instalando sistemas de cámaras para identificar a los conductores que se van sin pasar por caja. El sistema de cámaras le permite identificar a la persona, pero no siempre tiene resultados positivos. Muchas veces, estas personas llevan instalados en sus coches matrículas falsas y así no identifican al propietario del vehículo.

Víctor García Nebreda, secretario general de la Agrupación Española de Vendedores al por menor de Carburantes y Combustibles (AEVECAR), declara que la fórmula prepago va en contra de los intereses de los gasolineros porque les resta mucho negocio en la venta de productos en la tienda. Según reconoce, se supone que un consumidor, una vez que paga el combustible de su coche, se marcha y no se detiene a echar un vistazo dentro.

Según García Nebreda, la tienda se mueve por impulsos y el cliente compra por los ojos. El sector estima que con el porcentaje que tienen por litro de combustible vendido les permite únicamente cubrir gastos y, donde les queda margen parar ganar dinero, es en la tienda, en el tren de lavado y en la venta de lubricantes.

Por este motivo, la red de estaciones de servicio está en contra de aplicar el prepago, pero el aumento de conductores que se marchan sin pagar está obligando a la mayoría de ellos a cobrar previamente el combustible que se va a repostar. En el caso de que el conductor diga que va a llenar el depósito, el empleado le retiene durante ese tiempo su Documento Nacional de Identidad y la tarjeta con la que va a pagar la gasolina.

Algunos empleados de las propias gasolineras han denunciado también que los dueños de las estaciones les quitan de sus nóminas la cantidad equivalente al robo sufrido. Esta situación está llevando a algunos empleados a denunciarlo pero el temor a perder el empleo les deja a muchos sin capacidad de maniobra. Una persona que no ha querido dar su nombre admite haber sufrido un atraco de este tipo y el propietario le descontó al mes siguiente la cantidad evadida en su nómina. Este empleado sufrió el impago de unos 229 euros de una pareja que se dio a la fuga al ver que estaban dos-tres personas en la caja.

La aplicación del sistema prepago fue en su día objeto de denuncia ante las organizaciones de consumidores por entender que era una medida que perjudicaba a los consumidores porque les obligaba a pagar antes de repostar. En cambio, la demanda no surtió efecto y a lo que están obligados ahora los gasolineros es a informar con claridad que esa estación es de prepago. En muchos casos, algunas estaciones lo que hacen es poner solamente aquellos surtidores que están más alejados de la caja y que tengan poca visibilidad.

En la actualidad, existen en España unos 10.300 puntos de venta. De ellos, unas 6.500 pertenecen en su mayor parte a Repsol, Cepsa y BP; otras 1.155 son mayoristas también; 1.800 gasolineras son marchas blancas; 275 están regentadas por cadenas de híper y supermercados, y 568 gasolineras pertenecen a cooperativas. Con la crisis, está creciendo cada vez más la cifra de estaciones low-cost y, aunque lentamente, están haciendo la guerra a las grandes.