En el amanecer de la humanidad, las sociedades empezaron a desarrollarse en el momento en el que nuestros antepasados dejaron de conseguir el alimento justo para poder sobrevivir, y empezaron a acumular excedentes por las mejoras en agricultura y ganadería.

Los excedentes de producción permitieron que las poblaciones se asentaran, que se desarrollase una primitiva economía, y que no toda la población tuviese que dedicarse estrictamente a conseguir alimentos y otras funciones básicas. Así se empezó a trabajar en otros campos, como las letras y la ciencia.

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