Los países de la Unión Europea (UE) dieron hoy un paso más para cerrar un acuerdo sobre la reforma de la política comunitaria sobre biocombustibles, después de que una nueva propuesta de compromiso haya suscitado un apoyo mayoritario entre los socios europeos, indicaron fuentes comunitarias a Efe.

Los embajadores de los Veintiocho mostraron hoy su respaldo mayoritario a un nuevo texto que propone un límite para los biocombustibles que están hechos de cultivos y que impulsa, sin medidas de obligado cumplimiento, el uso de nuevos fuel alternativos, como los que se producen con desechos.

El texto de compromiso concita el consenso suficiente para ser aprobado en la reunión de ministros europeos de Medio Ambiente que se celebrará el próximo 30 de junio en Luxemburgo, pese a que cuenta aún con el rechazo de algunos países, como Bélgica.

España, que inicialmente mostró sus reticencias a la propuesta por considerar que podría perjudicar a los países que han invertido en biocombustibles tradicionales, se mostró hoy dispuesta a apoyar el nuevo texto, según las mismas fuentes.

Las anteriores propuestas para reformas la política de biocombustibles comunitaria no lograron prosperar debido a las divisiones entre los partidarios de proteger este fuel hecho con cultivos y los que apuestan por otros basados en productos como la paja o los desechos.

El pilar de la reforma es limitar la aportación de los biocombustibles tradicionales a los objetivos medioambientales de la UE para 2020, año en el que los Veintiocho se han comprometido a que un 10 % de la energía utilizada en el sector del transporte provenga de fuentes limpias, sin importar su origen.

La Comisión Europea planteó originariamente que los biocombustibles provenientes de cultivos como el maíz, el trigo, la remolacha o la colza -que pueden interferir en la producción de alimentos- supusieran como máximo un 5 % de la energía renovable usada en el transporte en 2020.

El 5 % restante debería ser cubierto con biocarburantes de última generación, fabricados a partir de residuos y otras fuentes alternativas como la paja, que emiten menos gases de efecto invernadero que los combustibles fósiles, u otras fuentes limpias como el hidrógeno o la electricidad.

Ante las reticencias mostradas por los países, se presentó un primer texto de compromiso en el que se reducía la ambición de la reforma de la Comisión Europea y se elevaba la cuota para biocombustibles tradicionales hasta el 7 %, pese a lo que fue rechazado en diciembre.

Esta propuesta no incluía ningún mínimo obligatorio para los biocombustibles de nueva generación, de manera que la apuesta por los mismos será voluntaria, lo que no gustó a países como Italia, el Reino Unido o Dinamarca, que criticaron la falta de ambición de la iniciativa.

El nuevo texto, al que tuvo acceso Efe, vuelve a plantear el límite del 7 % para los biocombustibles tradicionales y plantea un objetivo voluntario del 0,5 % para los de nueva generación.