Desde hace más de un lustro, la Unión Europea lleva prometiendo que el territorio contará con un mercado automovilístico plenamente eléctrico para el año 2035. Para entonces, según su planteamiento, quedará terminantemente prohibido vender cualquier tipo de vehículo que cuente con un motor de combustión bajo el capó. Esto implicaría a coches no sólo de gasolina o diésel ‘puros’, sino también híbridos de todo tipo; sólo se podrían matricular alternativas plenamente netas en emisiones de carbono.

Con el paso de los años se ha ido demostrando que este objetivo es posible, pero difícilmente para el 2035. Las ventas de coches eléctricos están creciendo paulatinamente, pero a un ritmo realmente lento y muy alejado de los pronósticos iniciales. Según los planes publicados por la UE hace unos años, en 2025 estos deberían ser, al menos, un 50% de la cuota de mercado. Sin embargo, la realidad se aleja bastante de aquella hoja de ruta.

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