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20 de Noviembre de 2012 | Categoría:
Opinión.
Renault, el fabricante de vehículos en el que participa el Estado francés, ha elegido España como destino de sus inversiones. La marca del rombo ha adjudicado más carga de trabajo a su filial española frente a sus competidoras de Francia y Turquía. Esta decisión, que no ha sido bien vista en los mentideros políticos de París, ha sido puramente industrial. Las plantas españolas de coches son las más flexibles de Europa y están entre las más competitivas. Los cuatro años de dura reconversión del tejido empresarial del automóvil en España están dando sus frutos con una avalancha de adjudicaciones a las factorías nacionales: Renault se suma a anuncios similares de Nissan, Iveco, Ford o Seat. La negociación directa de las compañías con los trabajadores a través del convenio de empresa tiene mucho que ver con esta mejora de la competitividad, una consecuencia que también busca la reforma laboral del actual Gobierno. Los empleados de las fábricas cuentan con una remuneración por objetivos y productividad que hacen más atractiva a España que a otros países europeos. También cabe destacar los bajos costes laborales, que ponen a los centros españoles al frente de Europa. Además, la existencia de los Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) temporales permite a las factorías ajustar sus plantillas a los niveles de producción con una flexibilidad envidiada en Francia o Alemania. La buena relación con los sindicatos está dando sus frutos y permite a la industria española disfrutar de sus particulares brotes verdes.