Repsol cumple con lo mar­cado en su plan es­tra­té­gico 2021-2025, di­señado sobre la base de ser muy se­lec­tivo en sus in­ver­sio­nes, re­ducir riesgos y prio­ri­zando me­didas de efi­ciencia y sus re­cursos de ca­pi­tal. En casi dos años de su nueva es­tra­tegia ha to­mado de­ci­siones de alto ca­lado. Ha in­tro­du­cido ca­pital ex­tran­jero en dos de sus áreas prin­ci­pa­les, dando en­trada al fondo EIG en el ne­gocio de ups­tream, con la compra de un 25% por 4.800 mi­llones de dó­la­res. Al mismo tiempo ha ven­dido el 25% del ne­gocio de re­no­va­bles al grupo Crédit Agricole y al fondo suizo Energy Infraestructure Partners (EIP) por 905 mi­llones de eu­ros.

“La nueva estrategia de Repsol tendrá un alto grado de flexibilidad en función del escenario macroeconómico”. Bajo este mensaje lanzado hace casi dos años por el CEO y consejero delegado, Josu Jon Imaz, la compañía petrolera que preside Antonio Brufau está afrontando los retos de la nueva política energética que le marca el Gobierno de Pedro Sánchez y los cambios que quiere aplicar la Unión Europea para afrontar la situación creada por la invasión rusa de Ucrania.

Puede que obligada por la gravedad de la situación económica de España, con una inflación galopante, un giro de casi 360 grados en la política monetaria del BCE tras subir en tres cuartos de punto el precio del dinero y situarlo en el 1,25% y el escenario macroeconómico mundial que apunta hacia una recesión, la petrolera española haya decidido acelerar la reciente decisión que tenía en cartera desde hace meses.

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