+34 91 534 79 37
17 de Octubre de 2012 | Categoría:
En 2013, la gasolina y el gasoil, ya en cifras récord, aumentarán aún más por la fiscalidad sobre los biocombustibles o la aplicación íntegra del IVA. Ocurre justo cuando el Gobierno culpa a las petroleras de elevar precios.
La razón es simple. Las petroleras están obligadas legalmente a mezclar en sus carburantes tradicionales determinados porcentajes de biocombustibles para potenciar su uso. La gasolina se mezcla con bioetanol y el gasoil con biodiésel. El porcentaje de mezcla ronda el 6% para el conjunto de todos los hidrocarburos. Teniendo en cuenta que cada litro que se despacha en una gasolinera contiene así una parte de biocombustibles (aunque no lo sepa el usuario), cualquier factor que influya en los biocarburantes termina afectando a los precios finales de las estaciones de servicio.
De aquí a finales de año confluirán varios factores que provocarán un sobrecoste en el bioetanol y el biodiésel. La fiscalidad será el mayor de ellos. El 31 de diciembre de este año vence la exención fiscal que, durante años, han disfrutado los biocombustibles para potenciar su uso. Con ella, la parte de biocarburante de cada litro de gasolina o gasoil que compraba el usuario en la gasolinera no pagaba el impuesto especial de hidrocarburos. Esta tasa es la mayor de las que soporta cada litro de carburante. En la actualidad, supone entre el 22% y el 26% del precio de cada litro de gasoil y de gasolina, respectivamente. Y eso que una parte (la del biocarburante) está exenta.
2,5 EUROS MÁS POR DEPÓSITO
A partir de enero, a los biocarburantes se les deberá aplicar también el impuesto de hidrocarburos, como en el resto de combustibles tradicionales. El traslado al precio final de los usuarios será inmediato. Los expertos calculan que, teniendo en cuenta los precios actuales (más de 1,47 euros por litro de gasolina, y más de 1,4 euros por litro de gasoil), el impacto será de entre 3 y 4 céntimos adicionales por litro. Podría suponer un sobrecoste de casi 2,5 euros por llenar un depósito de 60 litros. Al impacto del impuesto de hidrocarburos, hay que sumar el efecto IVA. Éste (21% desde septiembre) es, en el caso de los hidrocarburos, un impuesto sobre otro. El IVA se aplica sobre el precio del litro que cobran las petroleras y sobre el impuesto de hidrocarburos que cobra el Estado.
Además de la fiscalidad, habrá que sumar otros efectos, que presionarán al alza los precios, aunque sean más difíciles de cuantificar.
En las próximas semanas, debería estar operativa la orden ministerial que el Gobierno aprobó en abril para limitar las importaciones de biodiésel de países extracomunitarios como Argentina -supuestamente en represalia contra el Gobierno de este país por la expropiación de YPF a Repsol-. Las petroleras están analizando qué efectos tendrá sobre el precio de las mezclas el hecho de limitar las importaciones de países extracomunitarios que, tradicionalmente, ofrecían el producto más barato.
En cualquier caso, hay bastante incertidumbre y desconcierto entre productores de biocombustible como Abengoa, Acciona o Infinita Renovables con esta orden ministerial por su retraso y posible modificación. El 1 de enero también entra en vigor una normativa comunitaria sobre sostenibilidad de los biocombustibles que obligará a los productores a presentar certificados de que sus biocarburantes proceden de cultivos sostenibles, entre otras condiciones. Más burocracia significa más costes, que algunas empresas cifran en entre el 3% y el 4%. Todos estos sobrecostes, fiscales y regulatorios, llegan cuando el Gobierno culpa a las petroleras de forzar los precios de los carburantes al alza por los excesivos márgenes de los que quieren disfrutar.